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Siempre es un placer conocer nuevas culturas, y como parte de esta, la gastronomía. Para nadie es nueva ya la comida japonesa, pero quizá si la forma de hacerla. Si lo que buscamos es algo más que cenar, que lo hagan delante de tus narices, siempre es un aliciente. Como plan alternativo es bueno, como plan económico no. No suele ser barato porque, además de pagar la comida, pagas que haya alguien dedicado a hacerla, en exclusiva, para  un grupo que puede oscilar entre las 6 y las 10 personas. Ya me veía yo como Homer Simpson tras probar pez fugu y otros nuevos y exóticos manjares. Pero, es un poco diferente. Con lo que seguro que coincido con Homer es la canción que se me viene a la cabeza de camino al Restaurante, “Made in Japan” de Deep Purple.

 

Es la segunda vez que asisto a un gastroshow de estos. El primero fue en  un lugar turístico así que no lo contabilizaré. En esta ocasión he ido a uno de los sitios con más lustre de Oviedo, el Restaurante-Teppanyaki “De Labra”.

 

El Lugar. Fino, moderno, decorado con gusto y apartado. Tan apartado que o lo buscas o no lo encuentras por casualidad. La decoración y la luz son perfectas para una velada nocturna. Un comentario a parte merece la música de ambiente, más propia del Bershka,  a un volumen que lo hacen hasta desagradable no pega ni con cola con todo lo demás.

 

El Servicio. A veces todo depende de la noche que vayas, pero un buen sitio no se puede permitir el lujo de dejarlo al azar. Para mi era muy mejorable, poca atención y mucha dejadez a la hora de recogerte los platos. Empezamos a comer el postre sin que nos quitasen el último de los platos del menú, y el picante de la comida era un poco más picante porque no había manera de que alguien te sirviera vino en la copa.

 

La Comida. Me gustó, aunque esperaba más. Empezamos con unas verduras en tempura acompañadas con una salsa de soja; hasta ahí nada nuevo. Después una ensalada a base de verde de bolsa y pollo a la plancha regados con una salsa que salvaba los pírrico del plato. Un regusto muy rico me dejo para pasar a una lubina muy buena, a la plancha, con un tofu de algas muy rico que me sorprendió. Solomillo de wagju con setas que tenía muy buen color y muy buen sabor. Y cuando creías que te ibas a quedar con hambre (porque las raciones no eran muy generosas) te disipaban esa sensación con un arroz tres delicias, que después de todo lo demás, me dejó un poco desaborido. Eso si, estaba hecho en la plancha, para adornarlo más, darle otro nombre, pero no dejaba de ser eso, un arroz tres delicias.

 

Como resumen se puede decir que los 40€ (sin bebida) que cuesta el menú están justificados, porque sean o no productos de calidad, hay que valorar la dedicación de una persona cocinando para ti durante dos horas. Como experiencia es buena, sorprendente y muy agradable para ir en grupo. No es la mesa en si lo que te hace probar sabores nuevos, si no lo de siempre, los productos y la habilidad de quien lo hace.

Y un detalle importante es que, a pesar de que estén cocinando a medio metro, no te llevas en la ropa el aroma de la plancha. Es un punto a favor para maniáticos como yo.