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Ya en Persia se usaba vinagre para hacer guisos, “guisos de vinagre”, como técnica para cocinar ciertas carnes con condimentos, especias y verduras, para mejorar su conservación o simplemente para darle un sabor diferente.

Esta técnica llega hasta nosotros y la tenemos en nuestro día a día, en las eternas latas de atún y bonito en escabeche, o en el delicioso resultado de los escabechados de mejillones, trucha o arenque. Pero además de ser el elemento que da olor a las tiendas de ultramarinos, esta técnica nos da un exquisito resultado de una manera fácil para hacer diferente, por ejemplo, una ensalada, y así hacerle un plato más completo que va más allá de ser un mero complemento en la mesa.

Estas ensaladas, que son fáciles de encontrar en cualquier restaurante castellano, son comunes en épocas de caza por el exquisito resultado que produce el escabechado de perdices y codornices.

En esta ocasión escabecharemos una pechuga de pollo de un modo muy sencillo. Una receta de mi abuela, que siempre podemos completar con otros condimentos y sabores.

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Ingredientes:

  • Dos pechugas de pollo enteras
  • Dos cucharadas de aceite
  • Una taza de vinagre
  • Una cebolla
  • Dos zanahorias
  • Pimienta negra en grano
  • Sal
  • Un par de hojas de laurel

Dificultad media, si manejamos la olla rápida mejor que mejor.

Lo primero es calentar el aceite en la olla, y cuando esté bien caliente dorar las pechugas enteras. Una vez doradas, añadimos la cebolla cortada en tres o cuatro trozos nada más, las zanahorias hechas dados, y rehogar un poco junto a las pechugas.

Después cubrimos de agua y añadimos una pizquita de sal, la pimienta en granos (unos cuantos) y las hojitas de laurel. Y después añadimos la taza de vinagre.

Ahora viene el momento de intuición de cada uno, porque la mezcla puede o no admitir más vinagre, pero sin pasarnos porque podría quedar muy fuerte. Una vez que la mezcla empiece a hervir, tapamos la olla y lo dejamos 15 minutos. Si no usamos olla rápida, lo dejaremos cocinando entre 40 y 45 minutos. Después de este tiempo estará listo para preparar, fría o caliente,  cualquier ensalada o plato de verdura.

Yo, tras escabechar esta pechuga, hice una ensalada con canónigos, tomates, manzana reineta y la pechuga. Si añades trocitos de zanahoria y de cebolla, y además echas un pequeño chorrito del escabechado además del aceite…tendrás un resultado delicioso. Y para “maridar musicalmente” este plato, he elegido algo tan avinagrado y tan delicioso como un flamenquito de José Mercé.

Qué aproveche!

Salmorejo Zanahoria

Salmorejo ZanahoriaSi hay un plato imprescindible en cualquier mesa de verano que se precie, ese es el salmorejo. Tanto él como el gazpacho nos acompañan en los meses estivales refrescándonos y aportándonos todos esos nutrientes necesarios para poder disfrutar las vacaciones de una manera sana y saludable.

Aunque el autentico y genuino es el de tomate, hay otras versiones del salmorejo que, no haciéndole sombra al original, desde aquí os animo a probar.

En una de las mejores masterclass que me impartieron en Masterchef aprendí a hacer salmorejo de zanahoria gracias a Gabriela Tassini, una didáctica y aun mejor cocinera, propietaria de una catering con su mismo nombre que recomiendo. Acompañaba un riquísimo tataki de atún rojo con un emplatado precioso del que si nos descuidamos no dejamos ni el plato.

Desde entonces hasta hoy es un imprescindible en mi cocina y va ganando adeptos a pasos agigantados. Si tengo que escoger mi plato favorito de este verano, es sin duda este.

Con “Sendero Luminoso”, de M A JE S T A D, la que ha sido mi canción del verano, os animo a poneros manos a la obra con un sencillo y riquísimo plato que no os dejará indiferentes.

Ingredientes:

  •  1 kilo de zanahorias.
  •  1 diente de ajo.
  • 125 gramos de pan duro.
  • ½ vaso de aceite de oliva virgen extra.
  • 1 chorro de vinagre.
  • ½ naranja.
  • Sal.

Dificultad:

Sencilla. Con ponerle un poco de ganas, pasión y cariño está hecho.

Elaboración:

  1. Pelar las zanahorias, trocearlas y poner a cocer en un cazo con agua y una pizca de sal.
  2. Mientras se cuecen las zanahorias, poner en un bol el pan duro con agua a remojo.
  3. Una vez cocidas las zanahorias, hacer un puré con ellas con la ayuda de una batidora.
  4. Escurrir el pan que hemos puesto a remojo y añadir al puré de zanahoria.
  5. Pelar el diente de ajo, quitar el germen y añadir a lo anterior.
  6. Exprimir media naranja y añadir a todo lo anterior.
  7. Añadir el aceite de oliva, el chorrito de vinagre y la pizca de sal.
  8. Batir todo con la batidora hasta tener una crema fina sin grumos.
  9. Meter a la nevera un mínimo de 2 horas.
  10. Servir con trocitos de jamón y queso y unas hojitas de albahaca.

¡Mmmmm!

Hummus de remolacha

agosto 12th, 2015 | Posted by Mireia Ruíz Manresa in Uncategorized - (0 Comments)
Hummus de remolacha

Hummus de remolacha

Nunca he sido muy de legumbres. De hecho hasta bien grandecita me comía las lentejas trituradas y por obligación, aun recuerdo el día en que mi madre me guardó las que me había dejado en la comida para merendar. Tuve que irme a vivir a Madrid para abrir el paladar y atreverme a probar algunos platos e ingredientes que no constaban en mi reducidísimo menú a pesar de los esfuerzos ingentes de familia y amigos en ampliarlo.

Gracias a la insistencia de mi amiga Angélica, una de nuestras noches de jueves me atreví con él. Pensar en comer garbanzos para mi hasta entonces no pasaba ni por tomarlos en cocido. Fue tan grato el descubrimiento que desde entonces me hice adicta al hummus y enganché a todo el que se encontraba a mi alrededor.

Desde hace unos años hasta ahora podemos encontrarlo en gran número de restaurantes acompañado de pan de pita, regañás, verduras u hortalizas frescas. Además de estar buenísimo es tan versátil que se puede comer solo o acompañando una tosta, mezclado con calabaza, con albahaca y hasta donde nuestra gastro imaginación nos lleve.

Con el “París, L’après-midi” de Zaz de fondo os animo a ponerle color a vuestra mesa con este vistoso y rico hummus de remolacha.

Ingredientes:

  • 1 bote de garbanzos cocidos.
  • 1 remolacha de tamaño medio.
  • 1 cucharada de tahina (pasta de sésamo).
  • Aceite de oliva virgen extra.
  • 1 cucharadita de comino molido o en grano.
  • Sal.

Dificultad:

Sencilla. Saber hacer uso de la batidora de mano con cuidado de no dejar toda la cocina de punticos rosas.

Preparación:

  1. Cocer la remolacha en un cazo con agua y reservar.
  2. Abrir el tarro de garbanzos y meterlo al microondas unos 15 segundos.
  3. Enjuagar los garbanzos con abundante agua en un escurridor.
  4. Pelar y cortar la remolacha cocida, reservar.
  5. Poner los garbanzos en el vaso de la batidora junto al zumo de medio limón, la cucharadita de comino, la tahina, el aceite y la sal.
  6. Batir hasta conseguir un puré.
  7. Añadir al puré la remolacha troceada y volver a batir hasta tener una crema suave de color rosa.
  8. Acompañar de regañás, pan de pita o crudités y servir.

¡Que aproveche!

 

Miceli

Llega el verano, las vacaciones, y tras la operación bikini es momento de rellenar ese hueco que nos han dejado el running, la bici o el spinning. Y si además queremos comer sano, con gusto y en un lugar especial, os vamos a recomendar un restaurante de Mallorca que combina la esencia mediterránea con la originalidad y unos buenos productos.

Si este verano decides pasar las vacaciones en la isla te recomiendo el Restaurante Miceli, a las faldas de la Sierra de la Tramontana, en el pueblo de Selva. Un lugar alejado del bullicio turístico, de las playas, y de las discotecas. Con tan solo pasear por las calles del pueblo sentirás estar dentro de un anuncio de cerveza, y una vez que estás en el local te sentirás en paz, con las vistas, el entorno y el exquisito trato del personal.

No esperes una carta, no hay, en este lugar se come lo mejor que hay en el mercado esa mañana. Menú cerrado que ronda los 30 euros sin bebida, y que se compone de 4 ó 5 platos que representan la esencia de la cocina mediterránea con un toque sofisticado. No te preocupes si algo no te gusta o te da alergia, te cambian el plato en cuestión por otro cualquiera.

En mi visita a Micelli pedí una cerveza artesana local, y me ofrecieron una tal “Sullerica”, de sabor muy suave y refrescante, con un ligero toque de azahar. Para acompañar, las omnipresentes olivas y el alioli con piquitos de pan para abrir boca.

El menú era bueno, y muy fresco. Para empezar un salmorejo muy suave y hecho con muy buen gusto. Acompañado de una virutas de jamón ibérico y huevo de codorniz. La presentación era exquisita, y el plato también. Seguimos con una tosta que guardaba un montón de sabores mediterráneos, con tomates secos, jamón y un queso gratinado que se combinaban a la perfección; luego un arroz caldoso con calamares y mejillones que estaba realmente bueno, y para terminar un plato muy local, una lechona asada con patatas glaseadas que remataban una buena cena. El postre era lo más flojo, una especie de mouse de albaricoques que no destacaba ni por su originalidad ni por su sabor especial. Pero para alguien a quien los postres le dan un poco igual (perdonadme), tampoco supuso un borrón.

En cuestión de vinos me gustaron dos cosas, que no eran una carta de vinos nada convencional, y segundo que tenían un precio muy bueno. Bebimos un blanco mallorquín y un vino tinto del bierzo que acompañó perfectamente la lechona.

Lo dicho, que merece la pena ir a visitar sitios auténticos, y Miceli lo es.  Es bueno adentrarse en el interior y visitar lugares como este, donde se respira la esencia mediterránea. Eso sí, pide mesa con un poco de antelación, si no es así te resultará difícil encontrar sitio el día que quieres.

Buen provecho.

Miceli

Albondiguicas

AlbondiguicasCon la resaca del final de Master Chef, retomo el blog con parte del plato que me llevó hasta el preciado delantal. Con lo que fue la llave que me abrió la puerta para ser una de las 15 personas afortunadas en compartir esta experiencia única.

Seguro que el delantal que vestís lo tenéis más que ganado, pero si queréis mancharlo un ratico os traigo la receta de esas ricas albondiguicas especiadas de las que hablaba Toño en el post anterior. Son perfectas para un aperitivo, para un domingo de playa, sombrilla y fiambrera o para llevarlas en un tupper a la oficina mientras suena “La moneda en el aire” de La habitación Roja de fondo, la que ha sido mi BSO en MasterChef.

Las albondiguicahs (en fonética Murciana) no tienen ningún misterio, ahora se llevan y bajo su nombre en inglés, las “meat balls”,están presentes en locales de modernos que tras sacarlas del baúl de los recuerdos las han puesto de moda en muchas ciudades. Antes de esta moda seguro que en casa ya las comíais de muchas maneras, es un plato agradecido y fácil, de los que te sacan de un apuro en cualquier momento. El éxito de las mismas radica en un ingrediente fundamental en la cocina y en la vida: La pasión. Y es que cuanta más le pongáis, mucho mejor sabrán.

Ingredientes:

  • 500 gr de carne de ternera, de cerdo o una mezcla de ambas.
  • 1 huevo.
  • Pan rallado.
  • 1 diente de ajo.
  • 1 cebolla pequeña.
  • Piñones picados.
  • Una pizca de comino en polvo.
  • Pimienta.
  • Sal.
  • Tomilllo.
  • Aceite de oliva.

Dificultad:

Fácil. Se requiere agilidad con las manos para hacer bolicas de carne medianamente simétricas.

Elaboración:

  1. Picar la cebolla y el ajo en porciones muy pequeñas.
  2. Poner en un bol junto al resto de ingredientes.
  3. Mezclar todo con las manos hasta tener una masa homogénea.
  4. Hacer bolicas del tamaño de una nuez y reservar.
  5. Poner aceite de oliva en una sarten a fuego fuerte.
  6. Freir las albondiguicas.
  7. Colocar en un plato con papel absorvente.
  8. Servir acompañadas de una salsa.

¡Disfrutadlas!

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Unas albondiguicas, que como todo lo que hace Mireia, tenían un ingrediente genuino, su sonrisa. Y es que parece que no, pero cocinar con una sonrisa, dedicación y mucho cariño es la manera ideal para que tus platos triunfen. Son cosas que se perciben. Y con esos ingredientes, junto a otros como un manojo de nervios, un puñado de vocación e ilusión al gusto, Mireia ha conseguido algo tan guay como un delantal de participante del programa de Master Chef.

Quien come y canta está de enhorabuena porque esta filosofía, la que Mireia y yo queremos plasmar en este blog, ha llegado a un escaparate tan mediático como el programa de cocina más famoso de este país. Así que no me queda otra que sentir una pizquita de orgullo por ello, y como al final de lo que se trata es de comer y de cantar, os dejo una canción para celebrarlo y desear a “la que más canta” mucha suerte en esta aventura.

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Tataki de atún

diciembre 14th, 2014 | Posted by Toño Casas in Uncategorized - (1 Comments)
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“De la mar el mero y de la tierra el cordero”. A este dicho que compara dos exquisiteces culinarias, se le puede complementar con otro que compare el cerdo ibérico y el atún rojo.
Las posibilidades que ofrece el túnido son a cual más sabrosa, pero si además lo encontramos pescado en alambraba, su exquisitez podría ser análoga al de un cerdo ibérico criado a base de bellotas.

He tardado en descubrir el potencial de este pescado. Me han hecho falta unas visitas a un buen japonés, el atrevimiento de probar un tartar de este pescado, y un par de tapas en Sevilla. Hasta que un día pedí un filete bien gordo en la pescadería, y descubrí que con muy poquito, los platos que puedes conseguir son espectaculares, como el que hoy os voy a traer.

Recuerda buscar un buen atún, bien rojo y que tenga aspecto fresco y brillante. Por un precio de entre 15 y 20 euros el kilo te puedes dar un día un capricho o quedar como un un gran anfitrión o anfitriona. En muchas recetas que encontraréis por ahí para un buen tataki de atún necesitaréis ingredientes orientales, difíciles de encontrar y nada baratos. En esta receta os propongo utilizar productos más sencillos y que le dan un sabor muy especial.

Así que a ritmo de Chambao que nos lleva hasta las playas de Barbate os propongo una receta sencilla para un tataki de atún.FullSizeRender

Ingredientes:

  • 500 gr de atún rojo en una rodaja de aproximádamente 3 cm de grosor.
  • 1 cucharadita de mostaza de Dijón
  • Medio vaso de salsa de soja
  • 2 cucharadas de aceite de oliva
  • Sésamo
  • 1 aguacate
  • 1 lima
  • Sal y pimienta

Es una receta muy sencilla de hacer. Solo has de tener cuidado por mimar el pescado, que no se desmorone, y que no se queme demasiado el sésamo.

Preparación:

Lo primero que haré será cortar la rodaja de atún en tiras largas y de corte cuadrado, de más o menos 3 centímetros y las reservo.

Preparo el marinado del atún echando en un plato hondo el medio vaso de soja, y diluyendo la cucharita de mostaza. Le añadimos el aceite de oliva y colocamos el atún. Vamos girándolo cada 5 minutos para que todo quede bien impregnado.

Mientras podemos hacer el acompañamiento de aguacate, que para sabores de mucha personalidad como la soja, o la mostaza, un toque más dulzón le da un contraste muy rico.
Para ello, en el vaso de la batidora, ponemos un aguacate pelado, el zumo de una lima y una pizca de pimienta negra y sal. Lo batimos hasta que quede una pasta uniforme.

Una vez que tenemos marinado el atún, preparamos una sartén con aceite de oliva bien caliente mientras impregnamos el atún con sésamo. Una vez bien cubierto lo ponemos en la sartén durante muy poco tiempo, solo marcar cada una de las caras.
Cuando ya lo hemos marcado lo cortamos en pequeños filetes y lo emplatamos. Echamos lo que nos ha sobrado de marinar el atún por encima y lo acompañamos de la salsa de aguacate.

Y con esto podréis disfrutar de lo mejor del mar y de la gastronomía japonesa con un toque más de aquí. Acompáñalo de un vinito blanco de Rueda y tendrás un plato de categoría.

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En verano apetece más estar de terraceo tomando una caña o en la playa tomando el sol que meterse a la cocina a sudar la gota gorda. Pero no es cuestión de pasar los días a base de hidratos y comida rápida ya que, además de mal alimentarnos, nos cargamos esa supuesta operación bikini que llevamos a rajatabla todo el año.

La solución a eso pasa por la “eco gastronomía” en la que se escogen los ingredientes del menú con la premisa de la conservación del entorno, la sostenibilidad y el respeto por el medio ambiente. De manera que, a la vez que nos mantenemos de forma saludable hacemos lo mismo con nuestro entorno.

Son muchos los espacios que bajo esta filosofía están surgiendo. En mi última visita a Madrid, gracias a unos buenos amigos, descubrí el Huerto de Lucas , un lugar acogedor que,  además de vender productos orgánicos,  cuenta con una cantina en la que degustar platos creativos, suculentos y saludables donde, entre otros , probé el que hoy os presento.

Ingredientes:

Para los tallarines:

  • 1 calabacín mediano por persona.
  • Sal.

Para el pesto:

  • 30 gramos de albahaca fresca.
  • 4 cucharaditas de piñones.
  • 30 gramos de queso parmesano.
  • 30 gramos de queso viejo.
  • 10 cucharadas de aceite de oliva virgen extra.
  • Media cucharadita de sal.
  • 4 cucharaditas de agua templada.

Dificultad:

Sencilla. Imprescindible saber diferenciar un calabacín de un pepino, la albahaca de la hierba buena y , ante todo, tener paciencia y delicadeza a la hora de cortar los tallarines de calabacín.

Preparación:

Pesto:

  1. Pelar el ajo y picarlo en la picadora hasta que este muy fino.
  2. Añadir las hojas de albahaca limpias y sin tallos.
  3. Añador los piñones y la sal.
  4. Picar todo hasta conseguir una pasta.
  5. Poner todo en un vaso mezclador (vaso de la batidora) y añadir el aceite de oliva.
  6. Mezclar con la batidora hasta conseguir una mezcla uniforme y fina.
  7. Añadir 4 cucharadas de agua templada para que no quede una pasta demasiado densa.
  8. Rallar el queso parmesano y el queso curado, añadir a la salsa y mezclar con la batidora de nuevo.

Tallarines:

  1. Precalentar el horno a 100 º.
  2. Lavar los calabacines.
  3. Colocar los calabacines sobre una tabla de cortar de haciendo tiras finas del tamaño de un tallarín (cortarlos como si fueran tallarines con un cuchillo o con un cortador de fideos).
  4. Colocar los tallarines de calabacín sobre una bandeja de horno que habremos forrado de papel de horno.
  5. Espolvorear con sal los calabacines.
  6. Introducir la bandeja en el horno de 10 a 15 minutos.
  7. Una vez horneado el calabacín estará más seco ya que habrá perdido parte del agua y será más flexible.
  8. Retirar el calabacín del horno.
  9. Poner una sarten a fuego medio y saltear al gusto con unas cucharaditas del pesto casero.
  10. Retirar del fuego y servir.

Si habéis sucumbido a la moda de los huertos urbanos o si , como yo , tenéis la suerte de tener la huerta a la vuelta de la esquina, no hay excusa para no dejarse llevar por el movimiento slow food y convertirnos en eco gourmets por un ratito.

A comer y a cantar

marzo 31st, 2014 | Posted by QCYC in Uncategorized - (0 Comments)
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1798485_215690661962085_831824615_nEn el comer y en el cantar todo es empezar ¿no era así?

Fuera como fuese, hoy abrimos un pequeño espacio en la red en el que uniremos dos de nuestras pasiones: la gastronomía y la música.

Queremos hacer de este blog un lugar atractivo y dinámico en el que publicar recetas sencillas con las que sorprender y  recetas elaboradas con las que poner a prueba vuestras dotes culinarias. Todo ello aderezado con buena música y sazonado con buen humor.

Como amantes de nuestras respectivas tierras: Palencia y Murcia, también daremos a conocer sus productos típicos y recetas para que podáis disfrutar de ellas tal como hacemos nosotros.

No solo escribiremos Toño y yo, queremos meternos en vuestra cocina y que nos contéis esa receta con la que siempre triunfáis o esa facilita que os ha sacado de un apuro más de una vez.

En nuestro afán de compartir os hablaremos de excursiones gastronómicas, recomendaremos y criticaremos lugares y también daremos a conocer productos y gustos culinarios.

En definitiva “Quien come y canta” pretende ser un poco como nosotros, una mezcla de cercanía, buen humor, modernidad y sencillez.

La puerta de nuestra cocina esta abierta, os esperamos.

Mientras os dejamos la primera canción: Galletas, de La Casa Azul.