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Un lugar con todo el sabor de Mallorca: Miceli

julio 23rd, 2015 | Posted by Toño Casas in Uncategorized

Llega el verano, las vacaciones, y tras la operación bikini es momento de rellenar ese hueco que nos han dejado el running, la bici o el spinning. Y si además queremos comer sano, con gusto y en un lugar especial, os vamos a recomendar un restaurante de Mallorca que combina la esencia mediterránea con la originalidad y unos buenos productos.

Si este verano decides pasar las vacaciones en la isla te recomiendo el Restaurante Miceli, a las faldas de la Sierra de la Tramontana, en el pueblo de Selva. Un lugar alejado del bullicio turístico, de las playas, y de las discotecas. Con tan solo pasear por las calles del pueblo sentirás estar dentro de un anuncio de cerveza, y una vez que estás en el local te sentirás en paz, con las vistas, el entorno y el exquisito trato del personal.

No esperes una carta, no hay, en este lugar se come lo mejor que hay en el mercado esa mañana. Menú cerrado que ronda los 30 euros sin bebida, y que se compone de 4 ó 5 platos que representan la esencia de la cocina mediterránea con un toque sofisticado. No te preocupes si algo no te gusta o te da alergia, te cambian el plato en cuestión por otro cualquiera.

En mi visita a Micelli pedí una cerveza artesana local, y me ofrecieron una tal “Sullerica”, de sabor muy suave y refrescante, con un ligero toque de azahar. Para acompañar, las omnipresentes olivas y el alioli con piquitos de pan para abrir boca.

El menú era bueno, y muy fresco. Para empezar un salmorejo muy suave y hecho con muy buen gusto. Acompañado de una virutas de jamón ibérico y huevo de codorniz. La presentación era exquisita, y el plato también. Seguimos con una tosta que guardaba un montón de sabores mediterráneos, con tomates secos, jamón y un queso gratinado que se combinaban a la perfección; luego un arroz caldoso con calamares y mejillones que estaba realmente bueno, y para terminar un plato muy local, una lechona asada con patatas glaseadas que remataban una buena cena. El postre era lo más flojo, una especie de mouse de albaricoques que no destacaba ni por su originalidad ni por su sabor especial. Pero para alguien a quien los postres le dan un poco igual (perdonadme), tampoco supuso un borrón.

En cuestión de vinos me gustaron dos cosas, que no eran una carta de vinos nada convencional, y segundo que tenían un precio muy bueno. Bebimos un blanco mallorquín y un vino tinto del bierzo que acompañó perfectamente la lechona.

Lo dicho, que merece la pena ir a visitar sitios auténticos, y Miceli lo es.  Es bueno adentrarse en el interior y visitar lugares como este, donde se respira la esencia mediterránea. Eso sí, pide mesa con un poco de antelación, si no es así te resultará difícil encontrar sitio el día que quieres.

Buen provecho.

Miceli

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